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La noticia sobre los llamados vakamulos en Galicia ilustra de forma muy gráfica cómo un entorno exigente y una actividad física constante pueden transformar por completo el cuerpo, incluso en animales que no pertenecen a ninguna subespecie especial. Estos jabalíes, que alcanzan pesos descomunales y una musculatura fuera de lo común, no son fruto de la genética milagrosa, sino de una combinación muy clara: movimiento continuo, terrenos difíciles y una adaptación prolongada al esfuerzo diario. Cuando los expertos afirman que “es como si estuvieran todo el día en el gimnasio”, en realidad están describiendo un principio básico del desarrollo físico que también se aplica al ser humano. De hecho, como nos comentarán un entrenador personal y una fisio, sobre los entrenamientos de fuerza en Santander, la importancia de fortificar la musculatura y ganar fuerza o conservarla es fundamental. Incluso a edades avanzadas, cuando las articulaciones y los huesos pueden sufrir mucho más si ese nivel de musculatura apropiado no está ahí para protegerlos.

Los entrenamientos de fuerza de los vakamulos, subiendo y bajando sus montes

El cuerpo responde al estímulo. En el caso de los vakamulos, la orografía abrupta de zonas como la Ribeira Sacra obliga a los animales a desplazarse constantemente por pendientes, desniveles y terrenos inestables, generando un trabajo muscular continuo que, con el paso de los años, se traduce en fuerza, volumen y resistencia. En las personas ocurre exactamente lo mismo: sin estímulo no hay adaptación, y sin adaptación no hay mejora física ni funcional. Por eso, llevar una vida sedentaria termina pasando factura, mientras que incorporar el entrenamiento de fuerza y el ejercicio regular se convierte en una inversión directa en salud.

Ir al gimnasio no es solo una cuestión estética, sino una forma controlada y segura de reproducir ese “gimnasio natural” que en la naturaleza aparece de manera espontánea. Espacios especializados como In Corpore Sano permiten trabajar el cuerpo de forma equilibrada, adaptando los ejercicios a cada persona y evitando los riesgos que conlleva el sobreesfuerzo sin supervisión. Del mismo modo, centros como Xfit apuestan por entrenamientos funcionales e intensos que simulan esfuerzos reales, ayudando a desarrollar fuerza, resistencia y movilidad de manera global, algo muy similar a lo que estos animales experimentan a diario en su hábitat.

El gimnasio contra la pérdida de masa muscular, problemas metabólicos y menor calidad de vida

La comparación no es anecdótica. Así como el abandono del medio rural ha creado santuarios naturales donde los jabalíes crecen sin límites, nuestra comodidad moderna ha generado entornos donde el cuerpo humano apenas se mueve. El resultado es justo el contrario: pérdida de masa muscular, problemas metabólicos y menor calidad de vida. El gimnasio se convierte entonces en la herramienta para compensar esa falta de movimiento, devolviendo al cuerpo el estímulo que necesita para mantenerse fuerte y funcional con el paso del tiempo.

La lección es clara. No hace falta vivir en una montaña ni recorrer cañones escarpados para estar en forma, pero sí es imprescindible someter al cuerpo a retos físicos regulares. Igual que los vakamulos no se hacen gigantes por casualidad, las personas tampoco mejoran su salud por azar. El entrenamiento constante, bien dirigido y adaptado, es el camino más directo para construir un cuerpo fuerte, resistente y preparado para las exigencias del día a día.

La comparación entre los vakamulos gallegos y el desarrollo físico humano cobra todavía más sentido cuando se escucha a profesionales y entrenadores que trabajan a diario con personas reales, en contextos urbanos y con ritmos de vida exigentes. Ruggero, entrenador con amplia experiencia en gimnasios de Santander y Barcelona, suele insistir en que la fuerza es el pilar olvidado de la salud moderna. Según explica, durante años se ha vendido el cardio como la solución universal, cuando en realidad es el trabajo de fuerza el que protege las articulaciones, mejora la postura, previene lesiones y permite envejecer con autonomía. Para él, los gimnasios bien planteados son hoy el equivalente civilizado de ese “gimnasio natural” del que hablaban los cazadores gallegos: un entorno donde el cuerpo se enfrenta a resistencias progresivas que lo obligan a adaptarse y mejorar.

“Cuando una persona gana fuerza, gana confianza”

Ruggero también señala que en ciudades como Barcelona ve a diario perfiles muy distintos, desde personas jóvenes que buscan rendimiento hasta adultos que llegan con dolores de espalda, sobrepeso o miedo al movimiento. En todos los casos, la fuerza aparece como el punto de partida. “Cuando una persona gana fuerza, gana confianza”, suele remarcar, porque deja de percibir su cuerpo como frágil y empieza a entenderlo como una herramienta capaz. Esa percepción es clave para romper con el sedentarismo, del mismo modo que los vakamulos no se desarrollan porque quieran, sino porque su entorno los empuja a moverse constantemente.

Esta visión coincide plenamente con la de Patricia, fisio en Santander especializada en recuperación funcional y prevención de lesiones. Desde su experiencia clínica, advierte que muchos de los problemas que trata en consulta no se deben a accidentes puntuales, sino a años de debilidad muscular y falta de estímulo. Patricia defiende que el gimnasio, cuando se utiliza con cabeza y asesoramiento profesional, es una extensión natural de la fisioterapia. “El músculo fuerte protege”, explica, y recalca que la fuerza no es solo levantar peso, sino aprender a controlar el movimiento, estabilizar articulaciones y responder mejor a las cargas de la vida diaria.

Fisio en Santander: entrenar no es lo que lesiona más, sino seguir sin entrenar nada

Patricia insiste además en que el miedo al gimnasio es uno de los grandes obstáculos. Muchas personas llegan a su clínica de fisio en Santander convencidas de que entrenar les va a lesionar, lo típico, cuando en realidad es justo lo contrario. La inactividad prolongada debilita tendones, huesos y músculos, aumentando el riesgo de dolor crónico. En este sentido, su discurso enlaza perfectamente con la idea que deja el ejemplo de los vakamulos: el cuerpo que se mueve y se adapta se vuelve más resistente; el que no, se vuelve vulnerable.

Tanto Ruggero como Patricia coinciden en un punto esencial: la fuerza no es una moda ni un objetivo estético, sino una necesidad biológica. Igual que el terreno abrupto de la Ribeira Sacra obliga a los jabalíes a desarrollar una musculatura excepcional, el gimnasio bien enfocado ofrece al ser humano un espacio controlado para desafiar al cuerpo, estimularlo y mantenerlo funcional. En una sociedad cada vez más cómoda y sedentaria, entrenar fuerza deja de ser una opción secundaria para convertirse en una herramienta básica de salud a largo plazo.

Nuestros entrenamientos de fuerza en Santander están destinados más a la salud y el estar bien

A todo esto se suma un problema silencioso pero cada vez más extendido: las rutinas poco deportivas que normalizamos sin darnos cuenta. Jornadas largas sentados, desplazamientos mínimos, ocio pasivo y la falsa sensación de que “ya me moveré mañana” acaban construyendo un estilo de vida que va justo en dirección contraria a lo que el cuerpo necesita. Ruggero suele advertir de que el sedentarismo no aparece de golpe, sino que se instala poco a poco cuando dejamos de caminar, de cargar peso, de agacharnos o de movernos con cierta intensidad. El resultado no es solo un peor estado físico, sino una pérdida progresiva de energía, motivación y rendimiento mental. Nuestros entrenamientos de fuerza en Santander están destinados más a la salud y el estar bien que a presumir de un cuerpo mejor, ya que esto último viene por sí mismo. Es como entrenar deportes de lucha: los efectos estéticos de eso son secundarios, pero aparecerán muy pronto si sigues entrenando.

Uno de los consejos más repetidos por entrenadores y profesionales de la salud es romper con la idea de que el ejercicio tiene que ser perfecto o muy largo para que cuente. Evitar rutinas poco deportivas empieza por introducir pequeños cambios diarios que obliguen al cuerpo a activarse: caminar más, subir escaleras, levantarse con frecuencia del escritorio o dedicar unos minutos a moverse con intención. Estos gestos no sustituyen al gimnasio, pero sí preparan el terreno para que el cuerpo vuelva a tolerar el esfuerzo y no rechace el movimiento como algo extraño.

Fisioterapeuta en Santander insiste en que una de las consecuencias más claras del sedentarismo

Patricia, desde su visión como fisioterapeuta en Santander, insiste en que una de las consecuencias más claras del sedentarismo es el dolor crónico “sin causa aparente”. Espaldas rígidas, cuellos cargados, rodillas que molestan o tobillos inestables suelen tener menos que ver con lesiones graves y más con una falta de estímulo continuado. Cuando el cuerpo no se usa, pierde capacidad de respuesta, y cualquier esfuerzo puntual se vive como una agresión. Por eso recomienda evitar rutinas donde todo el día transcurre en la misma postura y sin cambios de ritmo, ya que el cuerpo humano no está diseñado para la inmovilidad prolongada.

Otro consejo clave para combatir el sedentarismo es huir de las rutinas monótonas y poco deportivas incluso dentro del propio entrenamiento. Hacer siempre lo mismo, con la misma intensidad y sin progresión, acaba siendo casi tan ineficaz como no hacer nada. Ruggero recalca que el cuerpo necesita retos nuevos para adaptarse, igual que ocurre con los vakamulos en terrenos cambiantes. Variar estímulos, trabajar la fuerza desde distintos ángulos y combinarla con movilidad y control corporal mantiene el interés, reduce el abandono y mejora los resultados a medio y largo plazo.

Las consecuencias de no entrenar fuerza son variadas y tienen mucho alcance

Las consecuencias de no hacerlo son claras y están bien documentadas: pérdida de masa muscular, aumento de grasa corporal, peor salud cardiovascular, mayor riesgo de lesiones y una menor calidad de vida con el paso de los años. A esto se suma un impacto psicológico importante, ya que el sedentarismo se asocia con más fatiga, peor estado de ánimo y sensación de estancamiento. Frente a ello, el movimiento regular y el entrenamiento de fuerza actúan como un regulador natural del cuerpo y la mente.

Evitar rutinas poco deportivas no significa vivir obsesionado con el ejercicio, sino entender que el cuerpo necesita moverse para funcionar bien. Introducir el gimnasio como hábito, mantenerse activo en el día a día y huir de la inmovilidad prolongada es la forma más sencilla de evitar las consecuencias del sedentarismo y construir una base sólida de salud, fuerza y autonomía para el futuro.