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- Ago 11, 2026
- Autónomos, Cantabria, Construcción y reformas, Gestión de empresas, Laboral, Reformas, Santander, Servicios para particulares
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¿Todavía eres de los que te crees que existe el paro en España? Una furgoneta de reformas en Santander que anuncia que busca trabajadores: la imagen de un problema que ya no se puede ignorar. Hay imágenes que resumen una situación mejor que cualquier estadística y, en este caso, basta con darse una vuelta por Santander para encontrarse con una bastante significativa. Una empresa de reformas ha colocado en su propia furgoneta un anuncio en el que busca trabajadores. El vehículo que normalmente serviría para promocionar los servicios de la empresa y conseguir nuevos clientes, que es ahora lo que sobra, por no poderlos atender por falta de currantes, se ha convertido ahora también en un anuncio de empleo móvil que recorre las calles de la ciudad. Puede parecer una simple estrategia publicitaria, pero detrás de esa decisión hay una realidad que cada vez resulta más difícil de ocultar: muchas empresas de servicios tienen trabajo, necesitan ampliar sus equipos y, sin embargo, no encuentran fácilmente personas dispuestas a ocupar determinados puestos.
Lo que hubiera sido un auténtico espejismo hace pocos años, en medio de la crisis de las épocas de Zapatero y Rajoy, se ha convertido en una realidad alucinante que poca gente podría haberse imaginado siquiera por entonces, cuando el paro pegó tan duro y mucho más en los sectores de las reformas y la construcción. Y lo mismo pasa con las viviendas, que antes sobraban a millones y hoy nos faltan por muchas partes, claro está, aunque no en las zonas de la España Vaciada.
Han tenido que aprovechar su propia furgoneta para salir a buscar trabajadores por la calle
Para nosotros, lo llamativo no es que una empresa publique una oferta de empleo, porque eso ha ocurrido siempre. Lo que sorprende es que haya tenido que aprovechar su propia furgoneta de trabajo para salir literalmente a buscar trabajadores por la calle. Es una imagen que hace unos años habría resultado bastante poco habitual. Una empresa de reformas normalmente utiliza su vehículo para anunciar que realiza albañilería, fontanería, electricidad, pintura, rehabilitación o cualquier otro trabajo relacionado con la construcción y el mantenimiento de viviendas. Que además tenga que anunciar que necesita personal demuestra hasta qué punto ha cambiado la situación en determinados sectores.
Y aquí aparece una contradicción que merece una discusión mucho más seria de la que solemos tener. Mientras existen empresas que están buscando trabajadores y que incluso tienen que recurrir a métodos poco habituales para encontrarlos, también tenemos a una parte de la población que permanece fuera del mercado laboral y recibe diferentes tipos de ayudas públicas. No estoy hablando de las personas que realmente necesitan una prestación porque no pueden trabajar, han perdido su empleo o atraviesan una situación económica complicada. Una sociedad desarrollada tiene que disponer de mecanismos para proteger a esas personas. El problema aparece cuando las políticas de protección dejan de funcionar como un apoyo temporal para convertirse en una situación que puede hacer menos atractivo incorporarse a determinados empleos.
El problema no es simplemente que falte empleo
Durante décadas hemos hablado del mercado laboral español utilizando prácticamente siempre el mismo enfoque: hay demasiadas personas buscando trabajo y no suficientes puestos disponibles. Esa realidad ha sido cierta en numerosos momentos y todavía existen colectivos y territorios donde encontrar un empleo sigue siendo complicado. Sin embargo, sería un error pensar que esa explicación sirve para todos los sectores y para todas las empresas.
Hay negocios que tienen clientes, obras contratadas y trabajo pendiente, pero que no pueden asumir todo lo que podrían porque carecen de personal. En el mundo de las reformas esto se ve con bastante claridad. Una empresa puede tener una cartera de trabajos y necesitar un albañil, un oficial, un ayudante, un fontanero, un electricista o un profesional capaz de desempeñar determinadas tareas. El problema es que encontrar a alguien con experiencia y disponibilidad no siempre resulta sencillo.
Eso tiene una consecuencia que a menudo no se explica suficientemente: cuando una empresa no encuentra trabajadores, no solo tiene dificultades para contratar. También puede verse obligada a rechazar trabajos, retrasar presupuestos, alargar los plazos de ejecución o limitar su crecimiento. Y si esta situación se repite en muchas empresas del mismo sector, termina afectando al conjunto de la economía porque existe una demanda que no puede atenderse por falta de mano de obra.

El progresivo envejecimiento de determinados oficios y la falta de relevo generacional
La imagen de esa furgoneta de reformas de pisos en Santander resulta interesante precisamente por eso. No estamos ante una empresa que diga que no tiene trabajo y necesita trabajadores para mantenerse abierta. Estamos ante el escenario contrario: hay una actividad que necesita profesionales y la empresa está utilizando su propia publicidad para intentar encontrarlos.
Eso sí, no cualquier persona puede ocupar cualquier puesto. También conviene ser rigurosos con este asunto porque decir que hay empresas que necesitan trabajadores no significa que cualquier persona que esté desempleada pueda incorporarse automáticamente a cualquiera de esos puestos. Una empresa de reformas necesita profesionales que sepan hacer su trabajo y que puedan desenvolverse en una obra con cierta autonomía y responsabilidad. Algunos puestos requieren años de experiencia y otros pueden aprenderse mediante formación práctica, pero en ambos casos existe un proceso.
Aquí aparece otro de los grandes problemas: el progresivo envejecimiento de determinados oficios y la falta de relevo generacional. Durante años se ha transmitido a muchos jóvenes la idea de que el camino profesional más interesante pasaba necesariamente por la universidad. Los oficios quedaron en ocasiones relegados a una segunda categoría, como si trabajar de albañil, electricista, fontanero, carpintero o soldador fuese una opción de menor valor.
La realidad está demostrando que esa visión era equivocada. Un buen profesional de un oficio puede tener una enorme demanda, puede desarrollar una carrera estable y, con experiencia, incluso terminar creando su propia empresa y contratando a otras personas. Mientras tanto, muchos empresarios se encuentran ahora con trabajadores próximos a la jubilación y con grandes dificultades para encontrar jóvenes que quieran aprender el oficio.
No se trata de decir que todo el mundo tenga que dedicarse a la construcción ni de presentar los oficios como una solución mágica al desempleo. Se trata simplemente de reconocer que una economía necesita profesionales de todo tipo y que la formación debería estar mucho más conectada con las necesidades reales de las empresas.
¿Qué papel tienen las ayudas públicas? ¿De verdad mantenemos a miles de vagos sin currar?
Aquí es donde probablemente surge la parte más polémica del debate. Cuando se critica que el Estado concede demasiadas ayudas, es fácil caer en una simplificación. Hay prestaciones que cumplen una función social imprescindible y que permiten que una persona que ha perdido su empleo o atraviesa una situación complicada pueda mantenerse mientras busca una salida. Nadie debería plantear seriamente que una persona vulnerable quede abandonada porque una empresa necesita trabajadores.
La discusión interesante es otra y tiene que ver con los incentivos. Si una persona puede obtener unos ingresos relativamente próximos a los que conseguiría trabajando en un puesto determinado, pero ese trabajo implica desplazarse, madrugar, realizar esfuerzo físico, asumir responsabilidades o tener unos horarios menos cómodos, es razonable preguntarse qué incentivos existen para que esa persona dé el paso hacia el empleo.
No es una cuestión de culpar automáticamente al trabajador. Si un empresario ofrece un salario insuficiente o unas condiciones malas, también tiene responsabilidad. Una empresa que pretende encontrar profesionales tiene que ofrecer condiciones capaces de competir por esos trabajadores. No se puede exigir a la gente que acepte cualquier empleo mientras se ignora que existen puestos mal pagados o con condiciones poco atractivas.
Pero tampoco podemos negar que los incentivos económicos influyen en las decisiones. Si el sistema de ayudas está diseñado correctamente, debería servir para proteger durante una etapa difícil y facilitar la incorporación posterior al mercado laboral. Si en determinados casos termina haciendo que incorporarse a un empleo sea económicamente poco atractivo, entonces hay un problema de diseño que debería analizarse sin miedo a hablar de él.
Las empresas también tienen que hacer autocrítica: ¿de verdad estamos motivando al personal?
Decir que faltan trabajadores no significa que toda la responsabilidad sea del Estado o de quienes reciben ayudas. Las empresas también tienen que revisar qué están ofreciendo. Durante años, determinados sectores han pretendido cubrir puestos con salarios bajos, horarios complicados y poca estabilidad, esperando que siempre hubiese alguien dispuesto a aceptarlos porque necesitaba trabajar.
Ese modelo cada vez funciona peor, especialmente cuando determinados perfiles profesionales escasean. Si una empresa necesita un buen trabajador y quiere conservarlo, tendrá que competir por él. Eso significa ofrecer un salario razonable, unas condiciones dignas, estabilidad cuando sea posible y oportunidades para aprender y progresar.
El mercado laboral funciona en las dos direcciones. Las empresas de reformas en Santander y en todo el país necesitan trabajadores y los trabajadores necesitan empresas. Cuando existe escasez de profesionales en un sector, el trabajador cualificado adquiere mayor capacidad para elegir dónde quiere trabajar y las empresas tienen que asumir esa realidad.
Precisamente por eso resulta tan interesante la imagen de la furgoneta. Es una pequeña muestra de que, al menos en determinados sectores, ya no estamos en un mercado donde las empresas puedan limitarse a publicar una oferta y esperar tranquilamente a que aparezcan decenas de candidatos.
Santander y Cantabria no son una excepción. Lo que está ocurriendo con esta empresa de reformas en Santander encaja además con una situación que afecta a numerosos servicios. Construcción, mantenimiento, instalaciones, reparación, limpieza, transporte, hostelería y otros sectores llevan tiempo reclamando profesionales. En algunos casos el problema se concentra en determinados perfiles y en otros existe una dificultad más general para encontrar personas con experiencia.
Cantabria tiene además una estructura empresarial en la que las pequeñas y medianas empresas tienen un peso enorme. Muchas de ellas no cuentan con grandes departamentos de recursos humanos ni pueden mantener procesos de selección durante meses. Si necesitan incorporar a una persona, necesitan encontrarla y formarla rápidamente porque el trabajo está esperando. Por eso una furgoneta que anuncia una oferta de empleo tiene más importancia de la que puede parecer a primera vista. Es una empresa pequeña utilizando todos los recursos que tiene a su alcance para decir que necesita personal. Y probablemente esa necesidad no se resuelva simplemente publicando un anuncio en Internet.
Quizá hemos dejado de valorar demasiado los oficios. Hay algo que debería cambiar en nuestra manera de hablar del empleo. No todo el mundo tiene que aspirar a trabajar delante de un ordenador. Tampoco todo el mundo tiene que estudiar una carrera universitaria para tener una buena trayectoria profesional. Existen oficios que requieren conocimientos, habilidad, experiencia y responsabilidad, y que pueden ofrecer una salida profesional perfectamente válida.
Un joven que aprenda correctamente electricidad, fontanería, carpintería, climatización, soldadura, albañilería o cualquier otro oficio puede encontrar una demanda importante de sus servicios. Y si además adquiere experiencia empresarial, puede terminar trabajando por su cuenta y creando empleo.
El problema es que formar a estos profesionales lleva tiempo. Una empresa no puede esperar que una persona sin conocimientos llegue mañana y sea capaz de hacerse cargo de una instalación o una reforma. Hace falta aprendizaje, práctica y alguien dispuesto a enseñar.
Ahí es donde la Formación Profesional y la formación directamente vinculada a las necesidades empresariales deberían tener un papel mucho más importante. No porque haya que preparar trabajadores exclusivamente para las empresas, sino porque una sociedad necesita que la formación tenga también una conexión real con las oportunidades profesionales que existen.


